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lunes, 3 de enero de 2011

Hola! Dentro de Facebook estoy publicando el libro: Insuficiencia renal crónica, historia de mi diálisis, en capítulos. Si quieres lo puedes leer siguiendo el siguiente enlace:



Del mismo modo trataré de ir subiendo los escritos que me han hecho el honor de publicar en algunas revistas.

Saludos!!!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Manuel Amador nos habla de las técnicas en la fotografía.

Pinprick, nos comparten su visión...

...un sincero homenaje a Pink Floyd.



Jose Riaza y la Furia Roja nos hablan de sus proyectos


Llegó el Compita...


...Y VidaVagabunda! no volverá a ser lo mismo.

Hablemos de terror

Hablamos con la pintora Elda Corrales, de su vida y obra

La pintura de la discordia...



Qué hay detrás de los cuentos de Hadas? Yolanda Ramírez y Angélica Cota, nos lo dicen

Karla Mora y el Doggy en VidaVagabunda!


Nos deleitaron con su talento.



lunes, 29 de noviembre de 2010

Presentación en la FIL

Este próximo viernes 3 de diciembre a las 16hrs, presentaremos el libro: Bástian, Siempre seremos amigos, en el salón Elías Nandino de la FIL.





Bástian: Siempre seremos amigos, es la historia conmovedora de un grupo de chicos que se conocen en las aulas escolares. El autor nos narra en este libro la sabiduría de los niños, su ingenuidad, su capacidad de asombro, los miedos, la manera de enfrentar situaciones tan difíciles y salir avante de una forma única. Además veremos cómo hace transitar a sus personajes por la penosa adolescencia: los amores, los desamores y, por supuesto, las picarescas complicidades propias de la edad pero, por sobre todas las cosas, las lealtades.
Bástian: siempre seremos amigos, es una historia atemporal que nos hace revivir nuestras propias aventuras con humor, desenfado y nostalgia.


Te invitamos a la presentación del libro el próximo 03 de diciembre a las 16hrs, Salón Elías Nandino, en la FIL.

Bástian, siempre seremos amigos, también lo puedes encontrar en las librerías Gonvill, Porrúa, Gandhi y en Varias del centro de Guadalajara.

martes, 27 de julio de 2010

Espiga de papel # 10 - Huella en el papel

Por fin llegamos al numero 10 de Espiga, la cual es una edición harto especial para mí, ya que por encargo de los coordinadores del proyecto, realicé la portada y el prólogo para esta cabalística impresión.
Aquí el tema fue Huella en el papel, y la idea era plasmar un poema o cuento que sea inspirado por algo que pudiéramos encontrar en un libro usado, tal como una mancha de agua o café, un separador, una dedicación, etc.
A mí se me ocurrió la idea de usar un ala de mariposa como separador, pero antes va el prólogo:

Prólogo – Espiga de papel 10

Un sueño, una sonrisa, una emoción; para mí eso es lo que dejamos los que tratamos que nuestras palabras sean grabadas en las hojas de un libro. Pero ¿qué hace a ese escrito diferente de todos los demás? ¿De los 10, 100 o más ejemplares que de él se imprimieron?

En esta edición nos piden escribir acerca de las cosas que podemos encontrar en un libro que haya pertenecido a alguien más.

Cosas que nos permiten soñar con historias, darles vida a esos pequeños objetos que sirven para hacer de ese libro un ejemplar único, inconfundible. Pensar en la historia de una flor marchita, una frase dedicada con palabras de ánimo, de desaliento, quizás de dolor; la mancha de agua que bien puede ser una lágrima a la mitad de una palabra, o quizás un poco de café derramado; un poema enmarcado con corazones, o quizás tachado con despecho; una hoja arrancada tal vez con dolor o con rabia…

Tantas son las cosas que podemos encontrar, quizás olvidadas, quizás dejadas deliberadamente por algún motivo en específico, y ese es el motivo que nos queda imaginar. Y en este numero 10 de Espiga de papel es la tarea darle historia a ese objeto.

Y haciendo la analogía de un libro con la vida: yo me encontré entre sus páginas una espiga de papel que me ha ayudado a extender mis alas y que hoy nos invita a todos a soñar.

Ramón López Morales.


Aquí dejo el relato junto a el dibujo a mayor detalle:


MARIPOSA

Una noche muy tranquila salí a caminar. No tenia rumbo fijo pero, como otras veces, mis pasos me llevaron al parque cercano. La media noche se acercaba cuando una banca de metal me invitó a descansar un poco. Sentado ahí aspiré el aire fresco que emanaban los arboles. Cerré los ojos y ya no pensé más. Pasaron algunos minutos hasta que, como si se tratara de una luz tenue, un objeto a un lado mío llamó mi atención: era un libro. Era curioso que antes no notara su presencia. Lo miré fijamente por un rato y al fin lo tomé. Pude ver que, aunque era un ejemplar reciente, estaba algo avejentado, quizás por el uso. Lo hojeé rápidamente, como si jugara con él, y de sus hojas me pareció ver que volaba una mariposa que suavemente se posó a un lado mío. Pero después de la sorpresa observé que sólo era un ala la que dormía junto a mí, un ala brillante y colorida. Miré el libro, en el lugar de donde despegó aquella fantasía, y bajo la luz artificial de la lámpara, hallé impresa en una hoja el contorno de la colorida ala. Abría exacto en medio de un poema y en él, en los últimos párrafos, noté manchas redondas, difusas; parecían gotas de agua, lágrimas que siempre terminaban en el mismo lugar:

Llora, mi niña, llora,

que al llorar despejamos el sentimiento,

que de dolor pasa sólo a ser recuerdo,

y poco a poco creemos que aquello,

fue tan sólo un mal sueño.

Pero déjame decirte, pequeña,

que aunque sólo sea un recuerdo,

el calor de aquel otoño

siempre, siempre lo llevaras dentro.....

Descansé el libro en mis piernas, recargué la cabeza hacia atrás y el alma se me llenó de nostalgia. Recordé tantas cosas y no pude evitar lanzar un suspiro muy profundo. Pero un ligero viento me trajo de nuevo al presente al tiempo que lograba que aquel trocito de mariposa volviera a volar unos instantes, justo lo necesario para aterrizar en las hojas que le sirvieran de hogar. Suavemente acomodé el ala en la mancha que marcaba su silueta y, con mucho cuidado de no volverla a molestar, cerré el libro y lo coloqué justo como estaba. Me levanté de la banca, di un último vistazo al libro y caminé de regreso a casa, rezando una pequeña oración por la mariposa que perdió su ala.

Ramón López Morales


Papalotzi # 18


Hace tiempo que envié varios escritos, entre cuentos y poemas, a Papalotzi, y en ésta edición me hicieron el favor de publicar una pequeña historia que tiene mucho de verdad. Fue divertido escribirla y es divertido volverla a leer.



“¡Lucharan a una caída sin limite de tiempo!”

El coliseo está a tope, la multitud enloquece. Los rivales están en el ring.

Esta es la pelea más importante del siglo. No hay técnicos ni rudos sólo los dos más grandes luchadores que han existido.

Se miran, se retan. Ninguno está dispuesto a dar o pedir cuartel.

¡Y suena la campana!

El Santo comienza la embestida rodeando a Blue Demon, haciéndolo caer, pero rápidamente se repone y coloca a su rival de espaldas planas.

El réferi cuenta ¡Uno, dos…! ¡Y el Santo logra quitarse a su adversario!

Como un relámpago índigo, Blue Demon contraataca. Se trepa a la tercera cuerda y se lanza en una plancha que logra esquivar su rival haciendo que el Demonio azul se de un panzazo en plena lona.

Sin dar tiempo a nada, el Santo aplica una llave en extremo complicada y los gritos de dolor se pueden escuchar hasta la última fila: “¡Manita de puerco, nooo!”. El plateado se carcajea con el sufrimiento de su oponente.

Pero en una maniobra que se antoja increíble, el Enmascarado azul se repone, toma a su contrincante y lo eleva por sobre su cabeza, sube a la tercera cuerda y… ¡Se lanza en una brutal caída que deja al Santo listo para la cuenta de tres!

Pepe Casas se avienta a la lona y da el primer palmetazo…

—¡Santo, Santo, Santo! —grita la multitud enardecida.

—¡Dos! —grita el réferi.

—¡Vamos, Santo! —gritan sus compañeros Buzz Lightyear, Elmo y el señor cara de papa— ¡No te dejes, aun puedes ganar!

El réferi está a punto de dar la siguiente palmada, Blue Demon ya se considera el ganador, todos en la arena aguantan la respiración y se hace el silencio. La mano de Pepe Casas parece que se mueve en cámara lenta mientras el Santo sujeta de las costillas a su antagonista, hace acopio de toda su fuerza y…

— ¡Pero qué estás haciendo!

… y… ya nos cayó el chahuistle. Se suspende la pelea por motivos de mamá mayor.

—Ya te he dicho que no juegues así con el bebe. Apenas tiene dos años ¡Lo puedes lastimar!

—Pero si no pasa nada, tengo mucho cuidado. Además a él le gusta ¡Mira como se ríe!

—No importa. Ya no quiero que juegues así con él y ya bájense, ya está la cena.

—Ay si, ay si. “No juegues así porque lo puedes despanzurrar”. Pos ni modo, vamonos volados, bebe.

“¡Atención! Nuestro capitán está presente.

“El héroe de mil batallas sube a su avión y se prepara para despegar. Revisa sus instrumentos y se comunica a la torre de vuelo donde le informan que la pista está libre. Enciende motores y el avión corre por el asfalto, el capitán ajusta los alerones y…

¡A volar!”


Ramón L. Morales

Espiga de papel # 9 - Micro cuento


Llegamos al numero 9 de Espiga con una sorpresa para mí: la maestra Guty me pidió que realizara la portada y el prólogo del siguiente numero que lleva la temática de la Huella en el papel. Me llené de emoción y de nervios. Fue una sensación hermosa.
Me desvié un poco. En el micro cuento nos pidieron pequeñas historias, casi, casi de uno o dos párrafos, que nos contaran algo o nos permitieran imaginar el inicio o el fin. Cabe señalar que la portada es obra del maestro Martorrev, así como el prólogo.
Yo colaboré con lo siguiente:


…La noche nos deja con el mismo sentimiento de tristeza de siempre.

—Te amo, papá —murmura con dificultad.

Sé que mañana ya no va a despertar…

… y yo tampoco.

…Sonreí al saber que mis palabras fueron una promesa que podía cumplir. Cerré los ojos y dormí plácidamente, percibiendo un aroma a fresas que inexplicablemente se colaba por la ventana.

…Que pases buena noche, Jandy; descansa —dije al aire. Después di la media vuelta, subí al carro y fuimos a casa. Mis padres, seguramente a dormir yo, a seguir soñando.

…jamás olvidaré su sonrisa. Cerré el álbum de fotos y lo abracé. ¿Saben? Creo que ya sé porqué no quería bajar. Tenía miedo...

...miedo a que me vieran llorar.

… finalmente se aleja mi esperanza con su silueta, que se va perdiendo en un mar grana, mientras que el horizonte llora, y mi corazón deja de latir.

Ramón López Morales