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martes, 31 de marzo de 2009
Hugo Bautista en VidaVagabunda
Viernes 18horas por www.radiomorir.com
viernes, 20 de marzo de 2009
jueves, 12 de marzo de 2009
VidaVagabunda: Entrevista con Carlos Ramírez
jueves, 26 de febrero de 2009
Fecha de inicio
¡HEY! Rifaremos un regalo sorpresa para aquellos que nos escuchen de cualquier parte de este mundillo, muy humilde pero de corazón. La mecánica que pediremos será muy simple.
VIDA VAGABUNDA en WWW.RADIOMORIR.COM a partir del 6 de marzo de 18 a 19 hrs.
¡NO TE LO PIERDAS!
miércoles, 25 de febrero de 2009
Radiomorir.com
jueves, 19 de febrero de 2009
Prometo nunca dejar de ser tu amiga... (fragmento)
Pues bien, recuerdo que el día que me inscribieron me dijeron que allí, en la escuela, iba a aprender muchas cosas y a conocer a muchos otros niños de mi edad, pero lo que nunca me explicaron, era que iba a estar prácticamente solo y tendría que aprender que la vida era como un campo de batalla; un lugar donde no se da ni se pide cuartel.
Y por fin se llegó el tan inesperado momento: el primer día de clases.
Mi mamá; mujer de mediana estatura, delgada, de ojos y cabello color café, me levantó más temprano de lo habitual; me instó a que me diera un baño y me vistiera para desayunar. Al terminar de comer, me paró frente a la puerta y se dispuso a pasar lista a mi atuendo cual general de la milicia.
—Zapatos boleados, pantalón, camisa, suéter... bien.
Decía entre-dientes mientras me recorría con la vista de pies a cabeza estirando mis ropas, tratando de deshacer cualquier pequeña arruga que pudiera quedar al descubierto. Por último, tomó un cepillo y peinó mi cabello lacio y castaño; me dio un lápiz y un cuaderno y emprendimos el camino.
Durante todo el trayecto de mi casa a la escuela mi madre no paró de darme consejos y recomendaciones a los cuales, por mi natural distracción, no puse atención.
Llegamos a la escuela circundada por barrotes blancos, con dos edificios uno frente al otro y de dos plantas cada uno, un patio central y una posterior lleno de arboles. Todos los salones presentaban en sus ventanas una protección de barrotes, después me enteraría que servían de protección en caso de sismo, y una sola puerta. Entramos y nos dirigimos al salón de primer grado. Ya en la puerta mi madre me detuvo, se agachó a mi altura, me abrazó y me dio un beso.
—Cuídate mucho, vendré por ti más tarde —me dijo con cierta tristeza en su voz.
Se incorporó y sólo me quedé viendo cómo se alejaba. Lentamente giré mi cabeza hacia el interior del salón; observé a los que serian mis compañeros de clase, todos sentados y en silencio, con un dejo de expectación en sus rostros y, tan anonadado estaba, que no noté a la figura femenina que se acercó hasta mí lo suficiente para tocarme del hombro.
—Bienvenido —me dijo una mujer joven no muy alta y algo delgada, de cabello corto, sonrisa amable y ojos de mirada tierna; era la maestra.
La profesora me invitó a tomar un asiento, yo no supe qué hacer, después se dirigió a su escritorio y yo me quedé nuevamente observando el interior del aula con mis ojos café oscuro abiertos a todo lo que daban y todo lo que atinaba a pensar era:
"Hice algo malo ¡y estoy en la cárcel!"
Pero la verdad era que nadie me había preparado para esta experiencia (o bueno, quizás estaba un poco distraído cuando me dijeron). A pesar de la sorpresa inicial no tardé mucho en adecuarme a esta nueva experiencia y poco a poco comencé a disfrutar ciertas cosas de la escuela como los juegos, la amistad con mis compañeros, el recreo y, por supuesto, la hora de la salida.
Algo que recuerdo muy bien, ya que se quedó profundamente grabado en mi memoria, fue cuando un lunes que se tocó la chicharra anunciando la hora del recreo me sentí algo desanimado para jugar acompañado y, después de comer mi habitual refrigerio, mejor decidí ir hacía el patio trasero, “el jardín de los arboles” como lo llamábamos los chicos y donde casi nunca había niños ya que, por lo general, a todos nos gustaba jugar y correr en el área del patio central, donde no teníamos obstáculos para divertirnos. En el sitio al que me dirigí estaría solo para poder sumergirme en mis fantasías sin que nadie me molestara, o al menos eso creí. Cuando apenas intentaba perderme en mi propio mundo un ruido extraño llamó mi atención. Con cautela me dirigí a la fuente de aquel sonido y descubrí a una niña apoyada en un árbol. Aquella pequeña de piel clara, cabello negro y lacio, ojos color café claro y de complexión delgada estaba sollozando. Me sorprendí al verla, no sabía qué hacer; si preguntarle por qué lloraba, si irme y dejarla sola, y ante tales cuestionamientos decidí quedarme detrás de un árbol para ver qué hacia, pero después de un rato su tristeza me contagió un poco y en mi cabeza sólo atinaba a cuestionarme una y otra vez el porqué de su llorar. Mientras, ella ahora permanecía en silencio, de sus ojos parecían brotar gotas de luz que me desconcertaban. Una sensación extraña comenzó a anidarse en el centro de mi estomago, pero tan embelesado me encontraba que no le hice caso. Poco a poco sentí como esa sensación parecía llenarme, subir por mi cuerpo, depositarse en mi garganta… entonces comprendí qué era lo que pasaba, pero fue demasiado tarde, toda esa fuerza que se centraba en mi salió por mi boca en forma de un sonoro eructo. Traté de contener el sonido tapándome la boca pero ya era tarde, la niña me había descubierto.
— ¿Quién eres? —Preguntó sorprendida y tallándose los ojos, por mi parte al no saber qué hacer moví la cabeza de un lado a otro— ¿Quién eres?
—Sebastián —dije destapándome la boca lentamente.
— ¿Qué quieres?
—Nada.
Gracias a mi respuesta tan profunda ambos quedamos en silencio por unos segundos, pero mi curiosidad pudo más que mi sensatez.
— ¿Por qué lloras? ¿Alguien te pegó? ¿Te regañó la maestra?
—No.
Otra vez, silencio. Creí que lo mejor era dejarla en paz, pero al tratar de irme, ella me detuvo.
—No te vayas, no quiero estar sola.
— ¿Quieres que me quede contigo?
—Sí.
— ¿A qué quieres jugar? ¿Cómo te llamas?
—Alejandra, me dicen Jandy ¿Y tú?
—A mi me dicen Bástian pero me llamo Sebastián. Yo estoy en primer año, en el grupo A y tú ¿En qué año vas?
—En primero B. ¿Por qué me espiabas?
—No te espiaba, estaba jugando y te vi llorar y no supe porqué.
—Es que… No me gusta estar sola.
— ¿Extrañas a tu mamá?
—Un poco.
—Yo también la extrañaba al principio pero no te preocupes —dije rimbombantemente—, ya te acostumbraras y poco a poco veras que no es tan malo estar aquí, además aprendes muchas cosas y conoces a muchos niños.
Ella asintió despacio, parecía confundida con mi discurso pero el aturdimiento sólo le duró un par de segundos y como si nos conociéramos de mucho tiempo nos dispusimos a platicar de variados temas, incluso mis palabras lograron hacer que su sonrisa brotara en un par de veces, hasta que uno de mis compañeros de clase se apareció de entre los arboles y exaltado me gritó:
— ¡Bástian, vente! ¡Te estamos esperando para jugar!
Acto seguido salió corriendo por donde vino. Al oír su invitación traté de seguirlo presuroso pero Jandy me detuvo sosteniéndome el brazo, me pidió que la acompañara un poco más adentro en aquel escueto bosque. Una vez llegando al lugar, se paró frente a mí y me dijo muy seriamente:
—Dame tu mano —extendió su diestra esperando tomar la mía.
— ¿Para qué? —Contesté al tiempo que ocultaba ambas manos atrás de mi espalda y fruncía la boca pensando que se trataba de una conspiración en mi contra.
—Quiero que hagamos un trato.
— ¿Para qué? —Pregunté sin quitar las manos de mi espalda.
—Tú dame tu mano y no preguntes.
—No, porque a lo mejor me quieres hacer algo, y si no me dices que quieres hacer, yo me voy a ir.
—Ay, ¡qué latoso eres! —Dijo al tiempo que hacia una mueca de enfado—. Bueno, te voy a decir, ¡pero primero dame tu mano!
Yo me le quedé mirando fijamente, esperando encontrar algo que me dijera qué era lo que planeaba, pero todo fue inútil; nada reflejaban sus ojos cafés salvo mi cara con los ojos entrecerrados y la boca apretada.
A fin de cuentas me rendí; di un pequeño suspiró y le alargué mi mano derecha al tiempo que volteaba la mirada y la cabeza hacia otro lugar por encima de mi hombro. Ella tomó mi mano y me instó a que nos arrodilláramos uno frente al otro; después juntó nuestras palmas.
—Quiero que me prometas que siempre serás mi amigo pase lo que pase, que nunca te olvidaras de mí aunque estés muy lejos, y que me contarás todos tus secretos; y yo te prometo que siempre haré lo mismo contigo.
Me quedé observándola con una mirada fija y sincera, como sólo los niños saben hacerlo, y le pregunté en tono desenfadado:
— ¿Para qué?
Alejandra se quedó en silencio mientras su semblante se ensombreció. Repentinamente me soltó y prácticamente me gritó:
— ¡Por qué tienes que ser así, no tienes sentimientos, por qué no me puedes tener confianza!... ¡Vete! ¡No, yo me voy!
Se puso de pie de un salto y comenzó a marcharse. A unos cuantos metros se paró junto a un árbol y noté que, al parecer, comenzó a llorar. Yo me crucé de brazos y pensé, mientras la observaba fijamente.
“Qué raras son las niñas; yo no sé ni qué le hice y ahora está chillando, y ahora tengo que ir a pedirle perdón como mi papá me dice que haga cuando hago algo que lo enoja.”
Apreté la boca. Me sentía muy desconcertado. Me puse de pie y comencé a caminar hacia ella muy despacio, jugueteando con la hojarasca que los árboles habían dejado caer; era una mañana de otoño y ya comenzaba a apreciarse el viento característico de la época.
Una vez que estuve junto a ella, me di cuenta que realmente estaba llorando.
“¡Chin! Ya la regué.”
Toqué su hombro suavemente.
—Perdón.
No obtuve respuesta. Estaba a punto de hablar de nuevo cuando ella empezó a decirme:
—Ayer se murió Barry, mi perro. Mi papá dice que ya estaba muy viejo y que así tenía que ser, que nada dura por siempre, que Barry ya había cumplido con nosotros. Yo no entiendo qué quiso decir ¿tú lo sabes?
—No —me encogí de hombros—. Pero se me hace que todos tienen que morir, bueno, eso dice mi abuelito.
—Yo no me quiero morir y tampoco que se muera nadie... Quiero que todo sea igual para siempre. ¿Tú crees que eso se pueda? —Me preguntó mientras se limpiaba las lágrimas con las manos.
— ¿Qué? —Pregunté extrañado.
—Que todo sea igual, que nada cambie.
—Se me hace que eso no se puede. Mira —me agaché para tomar un puñado de hojas que los árboles habían dejado caer y se los mostré—. Mi papá me dijo una vez, que si estas hojas no se hacen viejas y se mueren cuando se caen, entonces el árbol no puede hacer que le crezcan hojas nuevas. Creo que es lo mismo que nos pasa a todos.
Tomé su mano y deposité el puñado de hojas en ella. Alejandra me vio con algo de desconcierto.
—Pero yo no soy una hoja, ni un árbol —repuso intrigada.
—Pero igual te vas a hacer vieja y te van a salir arrugas y te vas a morir ¡Igual que yo! ¡Ay! ¿A poco no me entendiste? —Levanté mis brazos y los dejé caer a plomo.
Alejandra comenzó a bajar la mirada hacia la mano que tenía las hojas; volteó a verme y sin decir más, soltó el follaje, se dejó caer de rodillas, se tapó la cara con sus manos y comenzó a llorar de nuevo, sólo que esta vez lo hacia más fuerte, con más sentimiento.
“Ay, ¡ahí va otra vez!”
Pensé mientras hacia un gesto mitad ignorancia, mitad enfado. Me arrodillé junto a ella.
— ¿Y ahora por qué chillas?
—Yo... yo sólo quería... que mi Barry viviera —me dijo sollozando sin apartar las manos de su cara— y ahora me dices que yo me voy a hacer vieja y fea.
—Yo nomás te dije lo que me dijo mi papá y, según yo, te lo dije para que dejaras de estar triste y ahora estas chillando más fuerte que hace rato —aclaré.
—Tengo miedo de que ya nada sea igual —se limpió los ojos con los brazos y las manos mientras se iba tranquilizando su voz y su persona—. Quisiera que nada cambiara, que mis papás no se hagan viejos, ni yo, ¡y tampoco que tú te hagas viejo! —Me señaló con el índice.
—Pues, se me hace que eso está difícil —le comenté mientras me rascaba la cabeza y entrecerraba los ojos—. ¿Qué puedo hacer para que ya no llores?
Alejandra me miró fijamente, tomó mi mano y me hizo que me hincara enfrente de ella, colocó mi palma junto a la suya, como hace un momento, y me volvió a pedir la misma promesa:
—Quiero que me prometas que siempre seremos amigos, y que pase lo que pase, siempre nos ayudaremos y apoyaremos y que jamás nos olvidaremos el uno del otro.
—No sé... —volví a dudar.
— ¡Sebastián! —Exclamó con franco enojo.
—Bueno, está bien,... lo prometo —así por las buenas ni quien diga nada.
—Dilo completo.
—Prometo por siempre ser tu amigo.
—Y yo, prometo nunca dejar de ser tu amiga…
sábado, 31 de enero de 2009
Pa' fuera telarañas...
—Ya lo sé.
—Hoy se acaba el mes.
—Sípi.
—Mañana comienza febrero.
—Que ya lo sé, sabe.
—¿Y?
—¿Qué?
—¿No piensas escribir nada?
—No sé. Ando ocupado.
—Has dejado pasar el tiempo...
—¿Y?
—Cómo que "¿y?" ¡Levantate, has algo!
—¡Qué quieres de mí!
—Mirate al espejo, perdedor. Mira esas ojeras, ese cansancio. ¡No dejes que te venza el sueño!
—No voy a darme por vencido...
—¡Claro que no!
—... voy a salir adelante...
—¡Así se habla!
—... la hueva a la chingada...
—¡ANIMO!
—... ya me levanté...
—¡Eso es, mi hermano!
—... Y ahora nada...
—¡Campeón!
—... ni nadie...
—¡Hércules!
—... podrá detenerme de ir...
—¡Titan!
—... de ir...
—¡Zeus!
—... de ir...
—¡Odin!
—... de ir corriendo al baño porque traigo diarrea y el "bodoque" ya se me salió...
—..................................
lunes, 1 de diciembre de 2008
El asesino invisible
El asesino invisible suena a título de Novela Negra, a historia de investigadores privados que a partir de diversos signos, tips y otros elementos guía o distractores, el narrador nos lleva a descubrir la identidad del invisible asesino y posteriormente a su captura. También pudiera ser el nombre de un luchador de la triple A, que cubre su verdadera identidad bajo una máscara. Pero no, aquí este asesino invisible, a veces despiadado y traicionero, sí tiene nombre y apellido: INSUFICIENCIA RENAL CRONICA. Y es el propio autor quien nos narra su padecimiento y todas las vicisitudes en las que se ve envuelto un ser humano normal, que de un momento a otro se da cuenta, que se saco la rifa del tigre, que sus riñones no se han desarrollado de una manera normal, lo cual, si no se atiende de inmediato, le puede significar la muerte.
En este libro Ramón López Morales, sin ser un escritor consagrado, nos narra con un lenguaje ordinario la forma en que va sorteando el hecho de ser un enfermo de Insuficiencia Renal Crónica. Su experiencia como paciente, lo que le toca vivir contra un enemigo desconocido, su designo inesperado y la sorpresa de ser víctima de este asesino silencioso.
Ramón un día despierta con la idea de donarle sangre a su primo, que se encuentra subsumido en una enfermedad mortal, y es gracias a este cuadro que se entera de su precaria salud: se le informa que los análisis de hemoglobina dan como resultado un estado anémico y que requiere de realizarse estudios para saber la causa de su mal, lo cual lo lleva a darse cuenta de su padecimiento.
En la narrativa de Ramón López encontramos signos de vida-muerte, donde el autor nos cuenta entre desesperación, a veces risas, a veces llanto, uno a uno o paso a paso, todas las puertas que pudiera tener el cielo para pedir audiencia y alguien le explique porque él es a quien le toca padecer esta enfermedad. Nadie tiene derecho de picaporte. Tampoco hay curas milagrosas, ni el yerberito, ni el brujo, ni el chamán o curandera. Nadie, nada parece evitar su destino. Ni los mil y un remedios pueden salvarlo de ser dializado. Pero tampoco nadie puede darlo por vencido.
Ramón nos conduce al mundo del enfermo y nos hace reflexionar sobre la vida, sobre el para que vivir y mantenerse en este mundo. Su lucha, contra la muerte, se la brinda a su hijo, a su mujer, a toda su familia.
s. fong
martes, 25 de noviembre de 2008
Mapa
Presentación del libro

El próximo domingo 7 de diciembre dentro de las actividades de La Otr@ Fil 2008 presentaremos el libro Insuficiencia Renal Crónica, historia de mi diálisis, el lugar será en el parque Montenegro en Lomas de Polanco, contaremos con la presencia de un nefrólogo para que pueda dar mejor información respecto a ésta terrible enfermedad.
Para mayor información pueden escribirme al correo libro_irc@yahoo.com.mx, para asistir a alguno de los eventos pueden checar el programa en http://laredindependiente.blogspot.com/
viernes, 31 de octubre de 2008
Ay, ay, ay...
¡Hola a todos!
Antes que nada quisiera mandarles un afectuoso saludo y felicitarlos por....
¡Aguántenme!
Están totalmente equivocados si creen que los voy a felicitar por su, cada vez más sin chiste, revistita. Antes, pero hablo de muy, muy, muy antes, todo era diferente. Me parecía que al leer CM entraba en un remanso de aguas tranquilas en el cual podía desnudar mis emociones… y mi cuerpo cuando salían los especiales de sexo. Pero todo ha cambiado. Clarín corneta que entiendo todo ese rollo de: renovarse o darse un tiro entre los testículos para que recorra todo tu cuerpo y te llegue hasta la tatema pa’ que te caigas haciéndote el zombie, pero lo que ustedes hicieron no tiene #%$”//&(¡&. Antes no había tantos comerciaduchos de celulares y etc. Tenían mejores secciones y mejor escritas. Hoy ya no tenemos la dicha de leer un circo decente, ¡Ah, no! ¡Ya no! Me encantaba leer la sección DVD, cine y comics ¡pero ustedes la hicieron pasto comido, procesado y expulsado por rumiantes!
Solía comprar su (ya no H.) revista y compararla con la qompetencia y la prefería por sus contenidos con toques de humor, pero ahora que la comparo una vez más me doy cuenta de que ¡quieren ser un clon de ellos! Y en ese caso prefiero comprar al original que a la copia y no sentir que mi billelle esta mal invertido.
¡Ah! Por poco se me olvidaba, ¡Odio sus &%/&””$#% postercitos!
¿Saben algo? Me caen gordos. Sí, ¡leyeron bien! ¡Me caen gordos! ¿Y saben que es lo que se merecen? ¿Sí lo saben, verdad? ¡Por supuesto que lo saben! ¡Todo lo que se merecen, se han ganado a pulso y esforzado es por una mentada de…!
—Hijo, ¿Qué haces?
—Este… no, nada, ma’. Solo les estoy recordando el 10 de mayo a unos tipos que cayeron de mi gracia.
—Bueno, lo harás mañana. Ya es hora de que te duermas.
— ¡Pero, pero…! ¡Solo me voy a tardar un minuto!
—No le hace. Ya no es hora de que estés despierto.
— ¡Pero si apenas son las tres de la mañana!
— ¿Y que más quieres? Vamos, no estés renegando y ya duérmete. Mañana le mentaras su madre a quien quieras.
— ¡No! ¡Eso no es justo! He estado sentado frente a la pinche computadora por dos horas pensando en que chingados les iba a decir a esos zoquetes y ahora no ¡escúchame bien! Ahora no me voy a detener. ¡La verdad saldrá a la luz!
—Hijo de la chingada ¡ahora sí sacaste boleto!
—No, mamá, no hagas esto. Luego te vas a arrepentir.
—Te aseguro que no lo voy a hacer. ¡Ven acá, cabroncito!
— ¡No! Si das un paso más… ¡Te denuncio con AA de que tú fuiste quien le puso alcohol a su café en la fiesta del Cachinflas!
—Denuncias pura madre, pinche escuincle neurótico. ¡Ven acá!
—No, mamá, perate, perate, perate. No, no, no. ¡Aaaay, ay, ay…, ay!
—Andale, ahora sí vas a dormir calientito ¿verdaaad?
—Sí, ma”. ¡Sniff, sniff! Ya me voy a acostar.
—Andale pues, hijito. Que descanses y que sueñes con los angelitos.
—Gracias, mami.
La mujer apaga la luz, sale y cierra la puerta. Entre las sombras unos ojos siniestros se asoman y brillan con peculiar malignidad.
—Pero mañana… ¡Mi venganza será aún más grande!
...Ay mis nachitas.¡Sniff!
martes, 14 de octubre de 2008
Es mi opinión
Brenda Gómez. Zapopan, Jal.
México.
miércoles, 1 de octubre de 2008
Comentario de una amiga argentina
HOLA. LES CUENTO QUE HE TENIDO EL PLACER DE LEER EL LIBRO DEL AMIGO RAMON. SOLO EL QUE LO VIVE DE CERCA LO PUEDE ENTENDER A LAS PALABRAS DESESPERADAS QUE LLORAN...
LA INSUFICIENCIA RENAL ES UNA ENFERMEDAD SILENCIOSA. YO SOY LA HIJA MAYOR DE MI PAPA, ANGEL RAMON ES SU NOMBRE. RESIDIMOS EN ARGENTINA.
YO TRANSCURRIA MIS TREINTA Y LLEVABA A TERMINO EL EMBARAZO DE MI SEGUNDO HIJO PERO DE REPENTE EN LA FAMILIA SE COMENZO A DAR LA VOZ DE ALERTA DE QUE ALGO EN LA SALUD DE MI PADRE NO ANDABA BIEN... PASARON UNOS DIAS, ESPERANDO QUE EL REPOSO AYUDE, ETC, ETC... PERO NO PASO NADA. ESTO ERA MAS SERIO. UNA NOCHE NO SE PUDO INCORPORAR Y FUE LLEVADO A EMERGENCIAS DONDE QUEDO INTERNADO CON EL PRESUNTO DIAGNOSTICO DE LA INSUFICIENCIA RENAL A CONFIRMAR...
DESDE AHI TODO FUE EL CAMBIO. FUE COMO COMENZAR (HASTA EL DIA DE HOY LO ES) A VELAR EL CUERPO DE MI PADRE EN VIDA, PORQUE ES PENSAR CONSTANTEMENTE EN LA MUERTE, ES EL MIEDO AL CALENDARIO, A LAS HOJAS QUE CAEN Y AL TIEMPO QUE PASA PORQUE A MAS TIEMPO DE SOBREVIDA E N DIALISIS, MAS DESGASTAMIENTO DEL CUERPO ES. (Y ESTO NO ES QUE LO DIGA YO TOCADA DESDE EL DOLOR DE LA ENFERMEDAD DE MI PADRE, BASTA IR A LA SALIDA DE LAS SESIONES Y VER ALGUNAS MIRADAS QUE YA ESTAN ENTREGADAS DESPUES DE TANTO SUFRIMIENTO)
DE TU LIBRO PUEDO COMENTAR QUE LO QUE SE SIENTE PUEDE LLEGAR A SER MAS DESGARRADOR DE LO QUE LAS PALABRAS HILVANAN, PORQUE SON COSAS Y LAMENTOS QUE SALEN DEL ALMA PORQUE NO SE ENCUENTRA OTRO DESTINO. ACLARO QUE LA DIALISIS PERITONIAL ES DISTINTA A LA HEMODIALISIS QUE SE HACE MI PADRE..... TU FINAL ES FELIZ PORQUE PUDISTE HACER EL TRANSPLANTE PERO EL QUE NO LO PUEDE HACER, QUEDA AHI NOMAS, DANDO VUELTAS EN ESE ESPIRAL DE ESA REALIDAD DE LA QUE NO SE PUEDE SALIR, Y CUANDO LOGRAS SALIR PARA SENTIRTE MEJOR, O OLVIDARTE, UNA CONTINGENCIA TE MANDA ABAJO DE NUEVO...
NO PUEDO OPINAR, YO ESTOY DOLIDISIMA. SI BIEN LA MUERTE DE LOS PADRES ES ALGO NATURAL YO NO PUEDO, A MI ME DUELE MUCHISIMO ESTA TRSTE CONDENA A ESA MAQUINA DE MI PAPITO. A MI ME DUELE PORQUE YO IOMAGINABA UN PAPITO VIEJITO, CABECITA BLANCA Y CON SU BASTONCITO...
NO PUEDO OPINAR PORQUE TU LIBRO TIENE UN FINAL FELIZ Y EN MI VIDA NO EXISTE ESA POSIBILIDAD PARA MI PAPA. DISCULPAME.
SOLO SI TE PUEDO DECIR QUE TU OBRA ES UNA ESPERANZA PARA LOS QUE ESTAN EN TU MISMA SITUACION Y ESO LO HALAGO.
PARA QUE VOS Y YO NO HABLEMOS DEBERIA HABER UNA CAMPAÑA MASIVA DE CONCIENCIACIÓN Y PONER A LA ENFERMEDAD AL NIVEL DEL SIDA, CANCER, ETC. PORQUE LA DESINFORMACION SE PAGA CON EL PROPIO CUERPO, 3 VECES POR SEMANA, 4 HORAS POR SESION, 2 PINCHAZOS IMPORTANTES POR VEZ, Y CONVIRTIENDO ESA SALA DE DIALISIS CON OLOR A ALCOHOL EN LA SEGUNDA CASA, DONDE HAY MUCHAS PERSONAS A TU ALREDEDOR, PERO CADA UNO ESTA TAN SOLO CON SU ENFERMEDAD, DONDE SOLO TE TIENES A TI, Y DONDE AHI, SENTADO Y ATADO POR LAS MANGUERAS AL DIALIZADOR, TIENES QUE HACER EL OBLIGADO VIAJE AL FONDO DE TU ALMA Y SENTIMIENTOS.....
ESPERO SEPAN ENTENDER EL DOLOR DE ESTA HIJA DOLIDA QUE SE DESENGRA DIA A DIA POR EL DESTINO DE SU PADRE AMADO, QUE SIEMPRE FUE SU HEROE, EL QUE LA CUIDABA, ABRAZABA Y MIMABA A LA NIÑA QUE FUI, Y HOY DE MUJER SIGUE SIENDO MI PUENTE QUE ME SOSTIENE A PESAR DE QUE SUS SOPORTES ESTEN CARCOMIENDOSE POR ESTA MALDITA ENFERMEDAD QUE DIA POR MEDIO, ASI LLUEVA, TRUENE O GRANIZE, SEA FERIADO, NAVIDAD O TU CUMPLEAÑOS TE ARRASTRA A SU CITA PARA PAGARLE EL PEAJE A LA VIDA PARA SEGUIR ESTANDO CON VIDA UN DIA MAS......
Liliana Yañez
Buenos Aires, Argentina
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Arritmia
El domingo por la tarde me dio un ataque de arritmia cardiaca. Fue horrible. De cierta manera ya lo esperaba porque me quitaron el medicamento que tomaba para controlarlas debido a que me estaba provocando daño a la tiroides. Lo peor fue que todo pasó en plana tarde cuando las veces que había tenido estos incidentes era a plena noche mientras dormía. Lo más pronto que pude me tomé el medicamento nuevo y después de 10 min mi corazón se regularizó.
El lunes fui a mi cita con el nefrólogo y aproveché para hablar con la cardióloga. Al explicarle lo ocurrido y decirle que mi frecuencia no era mayor a 90 me ordenó que ya no volviera a tomar la medicina y que cuando tuviera otro episodio acudiera al hospital para que me hagan un electrocardiograma. Sólo queda esperar a que me pase otro episodio y ya veremos qué pasa.
Después de todo así es la vida, ¿verdad?
jueves, 4 de septiembre de 2008
El séptimo día
arqueo las cejas y la tierra se contrae,
hablo y la brisa baila,
río y un huracán se retuerce.
El Apocalipsis es una quimera,
el Ragnarok un juego de canicas.
A mi orden el sol se evapora
y la luna se encierra en su cuna.
Los hombres son mis hormigas;
mi boca los regurgita.
Hago del mundo un arlequín,
del universo mi caballo de madera.
Sin mí todo es nada y la nada mi sueño.
Pero es tarde y estoy cansado.
Pongo en la hamaca mi cuaderno.
Ramón López Morales
lunes, 18 de agosto de 2008
¡¡QUE BIEN!!
lunes, 11 de agosto de 2008
DesInformación
jueves, 17 de julio de 2008
DIÁLISIS, MI HISTORÍA parte 1
¿Qué es la diálisis?
Bueno, es un catéter que va introducido en el peritoneo, que es una capa del estomago. Por medio de este catéter se realizan los recambios de un líquido especial que sirve para sacar algunas toxinas que el cuerpo no puede eliminar. En otras palabras, la diálisis es una tripa que te meten en la panza donde se hacen cambios de una agüita que te ayuda a no sentirte tan mal.
La diálisis suple un poco la función de los riñones.
IRC significa: Insuficiencia Renal Crónica, es decir, mis riñones ya no me funcionan correctamente y necesito la diálisis para poder desechar lo que ellos ya no pueden.
Ya hace más de un año que supe de mi enfermedad. Se me descubrió anemia en un análisis de sangre que me hicieron con la intención de donarle a un primo. Los niveles de hemoglobina apenas si llegaban al 8.3 cuando en un hombre, normalmente, es de
Extracto del relato DIÁLISIS, MI HISTORIA publicado a forma de testimonio en
