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viernes, 13 de septiembre de 2013
sábado, 7 de septiembre de 2013
HOY Y SIEMPRE AMIGOS (fragmento)
Ilustración de Coffeshere
Suspiré orgulloso por mi triunfo y me encaminé a la cafetería donde mis amigos estaban. Los encontré sin más contratiempos y sin esperar a nada me senté a la misma mesa que ellos.
—¡Hola, ya llegué! —anuncié con triunfalismo.
—¡Hola! —Dijo Bástian con entusiasmo—. Pensé que no vendrías.
—Ya ves que sí.
—Sergio, ¿Y Yamileth? —cuestionó Jandy.
—No sé, supongo que se fue.
—¿Decidieron dejar sus compras para un mejor momento? —terció Javier.
—Nop, más bien cada quien se fue por su lado.
—¿Qué pasó? —preguntó Jandy con un gesto de intriga.
—Seguro ya te cortó —aseveró Bástian.
—No me cortó nadie, simplemente decidimos que nuestras vidas necesitaban otras emociones, otros aires, otros…
—Ya lo cortó —aseguró mi amigo acentuando sus palabras con las manos y con una mueca que demostraba su seguridad.
—¡Oye!
—No te preocupes, compañero —Javier me palmeó del hombro—, estás entre amigos.
—Pero, ¿cómo te sientes? ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
—Sí, estoy bien. Gracias por preguntar, Jandy.
—Se está haciendo el valiente —aclaró Bástian—, de seguro quiere llorar. Es un chico muy sensible.
—¡Eso no es cierto!
—Tranquilo, compañero. Todos sabemos lo complicado que puede resultar una ruptura, y más del tipo sentimental. Como te comenté hace unos segundos: estás entre amigos. Si puedo hacer algo por ti, ten la seguridad que lo haré.
—Es que todo está bien…
—¿Ven? Se está haciendo el valiente, se los dije. Por dentro estoy seguro que está al borde del llanto —se notaba que mi amigo se divertía con la situación —. Se fuerte, Sergei. Ya pronto el dolor pasara. Sabíamos que la querías mucho, que la adorabas, que sin ella ya no sabrás qué hacer. Sé que ella significaba todo para ti. La verdad no quisiera estar en tus zapatos en este momento. No puedo imaginarme el dolor que te atraviesa en este mismo instante por el corazón —¡Por favor! ¡Ya denle un Oscar a este muchacho!
—Cielos, Sergio. Siento tanto que tú y Yamileth hayan cortado —las palabras de Jandy eran las que me parecían más francas, bueno, también Javier se veía sincero. Pero Bástian me conocía muy bien y estaba gozando con mi situación. Jandy agregó—. ¿Podemos hacer algo por ti?
—Oigan, ya, tranquilos —me ayudé con mis manos para relajar el momento que se estaba poniendo muy denso—. Yami y yo cortamos, fue todo. Nadie está herido, todo está bien. Nuestra relación jamás fue para tanto, como lo dice mi “estimado” amigo Bástian —él sonrío y percibí que estaba a punto de soltar una carcajada—. Por favor, ya olvidemos eso y disfrutemos de nuestra compañía, ¿ok?
Todos asintieron aceptando mis palabras. Creyendo que el tema estaba olvidado, me uní a la degustación de un café capuchino, como el que ya disfrutaban Bástian y Jandy, ya que Javier bebía un café con leche.
—Bueno, chicos —comencé una nueva conversación después de darle un sorbo a mi bebida—, ¿y de qué hablaban antes de que llegara?
Los tres se vieron entre sí con discreción, después Bástian se rascó el cuello mirando al techo, Javier leyó el menú y Jandy bebió su café desviando la mirada hacia un lado.
—No manchen. ¡Estaban hablando de mí! —aseguré con incredulidad.
Suspiré orgulloso por mi triunfo y me encaminé a la cafetería donde mis amigos estaban. Los encontré sin más contratiempos y sin esperar a nada me senté a la misma mesa que ellos.
—¡Hola, ya llegué! —anuncié con triunfalismo.
—¡Hola! —Dijo Bástian con entusiasmo—. Pensé que no vendrías.
—Ya ves que sí.
—Sergio, ¿Y Yamileth? —cuestionó Jandy.
—No sé, supongo que se fue.
—¿Decidieron dejar sus compras para un mejor momento? —terció Javier.
—Nop, más bien cada quien se fue por su lado.
—¿Qué pasó? —preguntó Jandy con un gesto de intriga.
—Seguro ya te cortó —aseveró Bástian.
—No me cortó nadie, simplemente decidimos que nuestras vidas necesitaban otras emociones, otros aires, otros…
—Ya lo cortó —aseguró mi amigo acentuando sus palabras con las manos y con una mueca que demostraba su seguridad.
—¡Oye!
—No te preocupes, compañero —Javier me palmeó del hombro—, estás entre amigos.
—Pero, ¿cómo te sientes? ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
—Sí, estoy bien. Gracias por preguntar, Jandy.
—Se está haciendo el valiente —aclaró Bástian—, de seguro quiere llorar. Es un chico muy sensible.
—¡Eso no es cierto!
—Tranquilo, compañero. Todos sabemos lo complicado que puede resultar una ruptura, y más del tipo sentimental. Como te comenté hace unos segundos: estás entre amigos. Si puedo hacer algo por ti, ten la seguridad que lo haré.
—Es que todo está bien…
—¿Ven? Se está haciendo el valiente, se los dije. Por dentro estoy seguro que está al borde del llanto —se notaba que mi amigo se divertía con la situación —. Se fuerte, Sergei. Ya pronto el dolor pasara. Sabíamos que la querías mucho, que la adorabas, que sin ella ya no sabrás qué hacer. Sé que ella significaba todo para ti. La verdad no quisiera estar en tus zapatos en este momento. No puedo imaginarme el dolor que te atraviesa en este mismo instante por el corazón —¡Por favor! ¡Ya denle un Oscar a este muchacho!
—Cielos, Sergio. Siento tanto que tú y Yamileth hayan cortado —las palabras de Jandy eran las que me parecían más francas, bueno, también Javier se veía sincero. Pero Bástian me conocía muy bien y estaba gozando con mi situación. Jandy agregó—. ¿Podemos hacer algo por ti?
—Oigan, ya, tranquilos —me ayudé con mis manos para relajar el momento que se estaba poniendo muy denso—. Yami y yo cortamos, fue todo. Nadie está herido, todo está bien. Nuestra relación jamás fue para tanto, como lo dice mi “estimado” amigo Bástian —él sonrío y percibí que estaba a punto de soltar una carcajada—. Por favor, ya olvidemos eso y disfrutemos de nuestra compañía, ¿ok?
Todos asintieron aceptando mis palabras. Creyendo que el tema estaba olvidado, me uní a la degustación de un café capuchino, como el que ya disfrutaban Bástian y Jandy, ya que Javier bebía un café con leche.
—Bueno, chicos —comencé una nueva conversación después de darle un sorbo a mi bebida—, ¿y de qué hablaban antes de que llegara?
Los tres se vieron entre sí con discreción, después Bástian se rascó el cuello mirando al techo, Javier leyó el menú y Jandy bebió su café desviando la mirada hacia un lado.
—No manchen. ¡Estaban hablando de mí! —aseguré con incredulidad.
lunes, 19 de agosto de 2013
HOY Y SIEMPRE AMIGOS (fragmento)
Por un momento todos guardamos silencio, menos yo, que continuaba dándole tragos muy pequeños a mi bebida, sin quitarles la vista de encima a las chicas. Jandy rompió la tensión iniciando la charla:
—Oigan, hablemos de algo, pongan un tema.
—Yo les pondría a esas dos hasta por debajo de…
—¡Oye! —me interrumpió Jandy cuando más inspirado estaba—. Qué grosero eres. Y pensar que creía que estabas dolido por haber finalizado con Yami.
—Nah. Lo nuestro fue pasión, fuego, cariño; pero jamás involucramos los sentimientos, eso no sirve. Cuando terminamos se acabó la pasión, ni modo. Que la vida siga.
—Entonces no fue una verdadera relación —aseguró ella.
—¿Cómo que no? ¡Claro que lo fue! Hubo besos —enfaticé mis palabras jugueteando con mis manos.
—Pero una verdadera relación no se basa en eso; se cimienta en la confianza, en los sentimientos, en el amor…
—Y en los besos, en las caricias, en el agasajo —complementé su idea.
—No, eso es sólo carnal, algo físico.
—Pues lo carnal me viene bien.
—¿Alguna vez has tenido una verdadera relación? ¿Alguna vez has sentido algo real por alguien?
—Eh… yo… —su pregunta me sorprendió, no me la esperaba. Sin querer, la imagen de Areli se dibujó en mi cabeza pero de inmediato me concentré en algo más—. No. No lo necesito. No me sirve. Lo mejor de una relación son los besos —para desviar el tema de mi persona, agregué—. Y hablando de eso, ¿cuándo fue tu primer beso, Jandy?
—¿Qué? —dijo ella incorporándose en su asiento, abriendo los ojos grandes sin quitarme la vista de encima. Sentí que Bástian se puso tenso mientras parecía querer decir algo, pero sólo abría y cerraba la boca. Pude ver que se sonrojó un poco, eso sí. Quizá no le pareció que le preguntara eso a Jandy, quizás estaba intrigado por la respuesta. A fin de cuentas su amistad no impedía que sintiera curiosidad por tales preguntas. Fue Javier quien entró al quite por Jandy:
—Compañero, eso no se le cuestiona a una chica.
—Pero aquí estamos en confianza, ¿verdad, Jandy?
Ella sólo me veía a mí sin desviar los ojos. Noté que sus mejillas se sonrojaron. Raro, con lo open mind que es y todo ese rollo.
—Bueno, sí —respondió.
—Además ya hablamos mucho de mí, y fue ella quien empezó a hablar de eso de los sentimientos y demás cosas sin sentido.
—Pero deberías ser un poco más prudente, compañero.
—Bueno, dejémonos de broncas; yo ya hice la pregunta, que sea ella la que decida responder o no. Claro que yo he contestado a todo lo que me ha cuestionado, he sido sincero y le he tenido confianza —enfaticé la última palabra con lentitud—. No es presión —aclaré levantando el índice—, nomás es un comentario.
—Bueno, yo…
—Te escuchamos —como aliciente moví mi mano dándole la palabra.
—Suficiente —ordenó Javier—. No es necesario que contestes, compañera Ale.
—Sí, no es necesario que contestes —le asegundó Bástian saliendo de su trance.
—Claro que no es necesario —aclaré—, es sólo una muestra de confianza. Además ya lo dijo Javier: estamos entre amigos.
—Ya, Sergio, te estás pasando… —percibí un dejo de amenaza en la voz de Bástian.
—Creo que debemos dejar a la compañera en paz…
—Yo no estoy ofendiendo a nadie… —me defendí a la vez que los tres hombres no dejábamos de exponer nuestros puntos de vista al mismo tiempo, logrando un barullo sin sentido.
En medio de tantas palabras, la voz de Jandy se dejó oír para silenciar nuestro alegato:
—Fue lindo.
Todos callamos y la miramos detenidamente. Ella observaba sus manos, las cuales estaban sobre la mesa. Miró a Bástian de soslayo por un segundo y volvió a decir:
—Mi primer beso fue lindo.
—¿Y fue de lengüita? —cuestioné con gran intriga.
—¡Ya te di mi respuesta y es todo lo que voy a decir! —dijo tajante.
—Ok, ok. Ya entendí —me recargué en mi asiento mostrando mis palmas a manera de rendición.
Jandy exhaló aire y su rostro se relajó. Bástian dejó caer sus hombros, como si se deshiciera de un gran peso. Que chico tan raro, y eso que la pregunta no era para él, pero si le hubiera recriminado algo, lo más seguro es que comenzaría con eso de que “somos amigos desde la infancia”. Aburrido.
—Sólo que aquí hubo una pequeña confusión, mis estimados amigos —señalé con un gesto suspicaz.
—Dios mío, ahora qué —balbuceó Bástian con un tono de resignación. No sé porqué se aflige tanto, si ya me conoce.
Yo levanté mi ceja izquierda y ligeramente socarrón, afirmé:
—Mi estimada Jandy, yo te hice una pregunta…
—Y yo te contesté y todos quedamos satisfechos —se apresuró a completar mi frase.
—No es tan fácil…
—Sí lo es —se acercó a mí. Sus ojos, esos ojos grandes y brillantes, ahora querían lanzar fuego y quemarme lentamente, o al menos eso parecía.
—Tendré que… eh… este… Javier ¿podrías ayudarme?
—Creo que la palabra que buscas es “diferir”.
—No, hay una palabrita que se oye más fuerte, con más garra.
—¿Discrepar?
—¡Ahí está! —Mi atención nuevamente se centró en Jandy quien no podía ocultar una sonrisa, quizá debido a mi falta de vocabulario—. Creo que tendré que discrepar, amiga Jandy.
—Y ahora por qué —sus palabras llevaban menos intriga de lo que me hubiera gustado.
—Porque, si recordamos mis palabras, yo pregunté por “cuándo fue tu primer beso”, y tú respondiste, de una manera muy simple y sin gracia, con el “cómo fue tu primer beso”. Así que… —mi mano jugueteó frente a todos, animando a Jandy a proseguir con su confesión. Ella me vio con más molestia que antes.
—Así que qué —contestó.
—Así que estamos esperando que nos respondas a lo que te pregunté. ¿A poco no entendiste lo que quise decir?
—Ya respondí a tu pregunta…
—Pero no lo hiciste correctamente.
—Ok, lo haré. Quieres saber cuándo fue mi primer beso, ¿no? Pues fue hace tiempo. Listo, contesté a tus dudas. Ya no quedan más interrogantes por descubrir —aclaró muy relajada, pero una sensación en mi estomago me decía que me estaba ocultando algo, aunque esa sensación quizás era que tenía un poco de hambre. Quién sabe.
—Cierto —Bástian se unió a la afirmación de Jandy.
—Ay, no inventes, Jandy —una mueca de enfado se formó en mi rostro—. Sé más especifica: menciona lugar, hora, con quién. Queremos nombres.
—Ya no diré nada. Es más, ya hablamos suficiente de mí…
—De acuerdo —asintió Bástian.
—… creo que sería mejor conocerte más, Sergio.
—¿A mí? —dije intrigado.
—Sí. Cuándo fue tu primer beso y cómo fue —su tono de voz era juguetón.
—¿Mi primer beso? Fue en la primaria. ¿Con quién? Una niña de nombre… fue hace mucho, no me acuerdo. ¿Cómo fue? Digamos que doloroso.
—¿Ya ves? —protestó ella—. No fuiste completamente sincero, no diste detalles.
Ella y yo nos miramos fijamente, retándonos. Ninguno iba a dar su brazo a torcer, así que sólo quedaba una cosa por decir:
—Ok, voy a hablar y decir todos los cochinos y mórbidos detalles pero… —hice una ligera pausa de expectación para crear el drama, el suspenso. En las miradas de mis amigos pude ver que… no lo logré. Los tres mostraban una aparente apatía. Son difíciles, son difíciles—. Una vez que termine yo, seguirán cada uno de ustedes —los repasé con mi índice uno por uno, terminando con Jandy—, y la primera serás tú.
—Oigan, hablemos de algo, pongan un tema.
—Yo les pondría a esas dos hasta por debajo de…
—¡Oye! —me interrumpió Jandy cuando más inspirado estaba—. Qué grosero eres. Y pensar que creía que estabas dolido por haber finalizado con Yami.
—Nah. Lo nuestro fue pasión, fuego, cariño; pero jamás involucramos los sentimientos, eso no sirve. Cuando terminamos se acabó la pasión, ni modo. Que la vida siga.
—Entonces no fue una verdadera relación —aseguró ella.
—¿Cómo que no? ¡Claro que lo fue! Hubo besos —enfaticé mis palabras jugueteando con mis manos.
—Pero una verdadera relación no se basa en eso; se cimienta en la confianza, en los sentimientos, en el amor…
—Y en los besos, en las caricias, en el agasajo —complementé su idea.
—No, eso es sólo carnal, algo físico.
—Pues lo carnal me viene bien.
—¿Alguna vez has tenido una verdadera relación? ¿Alguna vez has sentido algo real por alguien?
—Eh… yo… —su pregunta me sorprendió, no me la esperaba. Sin querer, la imagen de Areli se dibujó en mi cabeza pero de inmediato me concentré en algo más—. No. No lo necesito. No me sirve. Lo mejor de una relación son los besos —para desviar el tema de mi persona, agregué—. Y hablando de eso, ¿cuándo fue tu primer beso, Jandy?
—¿Qué? —dijo ella incorporándose en su asiento, abriendo los ojos grandes sin quitarme la vista de encima. Sentí que Bástian se puso tenso mientras parecía querer decir algo, pero sólo abría y cerraba la boca. Pude ver que se sonrojó un poco, eso sí. Quizá no le pareció que le preguntara eso a Jandy, quizás estaba intrigado por la respuesta. A fin de cuentas su amistad no impedía que sintiera curiosidad por tales preguntas. Fue Javier quien entró al quite por Jandy:
—Compañero, eso no se le cuestiona a una chica.
—Pero aquí estamos en confianza, ¿verdad, Jandy?
Ella sólo me veía a mí sin desviar los ojos. Noté que sus mejillas se sonrojaron. Raro, con lo open mind que es y todo ese rollo.
—Bueno, sí —respondió.
—Además ya hablamos mucho de mí, y fue ella quien empezó a hablar de eso de los sentimientos y demás cosas sin sentido.
—Pero deberías ser un poco más prudente, compañero.
—Bueno, dejémonos de broncas; yo ya hice la pregunta, que sea ella la que decida responder o no. Claro que yo he contestado a todo lo que me ha cuestionado, he sido sincero y le he tenido confianza —enfaticé la última palabra con lentitud—. No es presión —aclaré levantando el índice—, nomás es un comentario.
—Bueno, yo…
—Te escuchamos —como aliciente moví mi mano dándole la palabra.
—Suficiente —ordenó Javier—. No es necesario que contestes, compañera Ale.
—Sí, no es necesario que contestes —le asegundó Bástian saliendo de su trance.
—Claro que no es necesario —aclaré—, es sólo una muestra de confianza. Además ya lo dijo Javier: estamos entre amigos.
—Ya, Sergio, te estás pasando… —percibí un dejo de amenaza en la voz de Bástian.
—Creo que debemos dejar a la compañera en paz…
—Yo no estoy ofendiendo a nadie… —me defendí a la vez que los tres hombres no dejábamos de exponer nuestros puntos de vista al mismo tiempo, logrando un barullo sin sentido.
En medio de tantas palabras, la voz de Jandy se dejó oír para silenciar nuestro alegato:
—Fue lindo.
Todos callamos y la miramos detenidamente. Ella observaba sus manos, las cuales estaban sobre la mesa. Miró a Bástian de soslayo por un segundo y volvió a decir:
—Mi primer beso fue lindo.
—¿Y fue de lengüita? —cuestioné con gran intriga.
—¡Ya te di mi respuesta y es todo lo que voy a decir! —dijo tajante.
—Ok, ok. Ya entendí —me recargué en mi asiento mostrando mis palmas a manera de rendición.
Jandy exhaló aire y su rostro se relajó. Bástian dejó caer sus hombros, como si se deshiciera de un gran peso. Que chico tan raro, y eso que la pregunta no era para él, pero si le hubiera recriminado algo, lo más seguro es que comenzaría con eso de que “somos amigos desde la infancia”. Aburrido.
—Sólo que aquí hubo una pequeña confusión, mis estimados amigos —señalé con un gesto suspicaz.
—Dios mío, ahora qué —balbuceó Bástian con un tono de resignación. No sé porqué se aflige tanto, si ya me conoce.
Yo levanté mi ceja izquierda y ligeramente socarrón, afirmé:
—Mi estimada Jandy, yo te hice una pregunta…
—Y yo te contesté y todos quedamos satisfechos —se apresuró a completar mi frase.
—No es tan fácil…
—Sí lo es —se acercó a mí. Sus ojos, esos ojos grandes y brillantes, ahora querían lanzar fuego y quemarme lentamente, o al menos eso parecía.
—Tendré que… eh… este… Javier ¿podrías ayudarme?
—Creo que la palabra que buscas es “diferir”.
—No, hay una palabrita que se oye más fuerte, con más garra.
—¿Discrepar?
—¡Ahí está! —Mi atención nuevamente se centró en Jandy quien no podía ocultar una sonrisa, quizá debido a mi falta de vocabulario—. Creo que tendré que discrepar, amiga Jandy.
—Y ahora por qué —sus palabras llevaban menos intriga de lo que me hubiera gustado.
—Porque, si recordamos mis palabras, yo pregunté por “cuándo fue tu primer beso”, y tú respondiste, de una manera muy simple y sin gracia, con el “cómo fue tu primer beso”. Así que… —mi mano jugueteó frente a todos, animando a Jandy a proseguir con su confesión. Ella me vio con más molestia que antes.
—Así que qué —contestó.
—Así que estamos esperando que nos respondas a lo que te pregunté. ¿A poco no entendiste lo que quise decir?
—Ya respondí a tu pregunta…
—Pero no lo hiciste correctamente.
—Ok, lo haré. Quieres saber cuándo fue mi primer beso, ¿no? Pues fue hace tiempo. Listo, contesté a tus dudas. Ya no quedan más interrogantes por descubrir —aclaró muy relajada, pero una sensación en mi estomago me decía que me estaba ocultando algo, aunque esa sensación quizás era que tenía un poco de hambre. Quién sabe.
—Cierto —Bástian se unió a la afirmación de Jandy.
—Ay, no inventes, Jandy —una mueca de enfado se formó en mi rostro—. Sé más especifica: menciona lugar, hora, con quién. Queremos nombres.
—Ya no diré nada. Es más, ya hablamos suficiente de mí…
—De acuerdo —asintió Bástian.
—… creo que sería mejor conocerte más, Sergio.
—¿A mí? —dije intrigado.
—Sí. Cuándo fue tu primer beso y cómo fue —su tono de voz era juguetón.
—¿Mi primer beso? Fue en la primaria. ¿Con quién? Una niña de nombre… fue hace mucho, no me acuerdo. ¿Cómo fue? Digamos que doloroso.
—¿Ya ves? —protestó ella—. No fuiste completamente sincero, no diste detalles.
Ella y yo nos miramos fijamente, retándonos. Ninguno iba a dar su brazo a torcer, así que sólo quedaba una cosa por decir:
—Ok, voy a hablar y decir todos los cochinos y mórbidos detalles pero… —hice una ligera pausa de expectación para crear el drama, el suspenso. En las miradas de mis amigos pude ver que… no lo logré. Los tres mostraban una aparente apatía. Son difíciles, son difíciles—. Una vez que termine yo, seguirán cada uno de ustedes —los repasé con mi índice uno por uno, terminando con Jandy—, y la primera serás tú.
lunes, 22 de julio de 2013
©Ilustración de Coffeshere
Ok, ok, ok, ok, para aquellos que en un futuro lean esto, y antes de que erijan una estatua en mi honor, habré de presentarme: Mi nombre es Sergio, ¡y soy a to’o dar! Y por cierto, para que quede anotado en los anales de la historia (y aunque muchos no lo crean), yo sí estudié… más a fuerzas que por ganas, pero lo hice.
Y como no quiero que Bástian se agüite, seguiremos su ejemplo: comenzaremos por la primaria, aunque a mí en verdad lo que me emociona recordar de mi niñez era ir al pueblo de mis papás, donde vivía mi abuelita. ¡Eso sí era vida! Nomas llegar me recibía con abrazos, con besos, con gorditas de masa, con una alegría que sólo les he visto a mi papás cuando solía ausentarme algunos días de la casa. ¿A qué se deberá? Algún día les preguntaré.
En fin. Pues como el tiempo va de aquí pa’llá y no de allá pa’cá, empecemos desde el primer día de clases, cuando me encontraba con mi madre en la sala de la casa, listos para ir a la escuela… bueno, listos a medias, porque ella me esperaba parada frente a mí mientras que yo me sujetaba como con pinzas hidráulicas a la columna de cemento que sirve para dividir la cocina de la sala.
— ¡Sergio, ya vámonos! —me gritaba mi madre después de varios intentos previos, donde usó la paciencia como por espacio de media hora, para que me despegara del poste. Ya se había desesperado un poco porque faltaban 10 minutos para entrar a clases. Lo que me sigue sorprendiendo es la capacidad de ella para comprenderme, mira que despertarme como con una hora y media de anticipación. Eso habla de lo bien que me conoce.
— ¡No, no, no, no, no! —Gritaba con la firme convicción que, desde el centro de mi corazón y de mi panza y de mis pulmones, estaba defendiendo mis derechos.
—Sergio, ya es tarde, ya suéltate y vámonos porque nos van a cerrar las puertas.
—No le hace que las cierren, no me preocupa. Si quieres ve tú, aquí te espero.
Ella nomás frunció la boca, lo cual era mala señal ya que su paciencia estaba al borde. Hoy que recapitulo mi vida, creo que esa era la mueca que más me mostró. Con mi hermanito siempre fue mucho más tolerante… a lo mejor porque era menos inquieto que yo. En fin, así es la vida.
Regresando a la sala, y para ampliar mi defensa, diré que los antecedentes que me contaban los chicos más grandes del barrio no dejaban bien parada a la escuela; decían que las maestras eran horribles, que los salones eran horribles, que las tareas eran horribles. En conclusión, que la escuela era horrible. Entonces era mi responsabilidad salvaguardarme de tan horrible destino, por eso aguanté lo más que pude esa mañana. Le dije a mi mamá mis motivos para no ir a ese lugar de tortura y sufrimiento, pero nada funcionó, por lo que, como último recurso, me abracé del poste. Mi objetivo casi se cumplía, sólo tenía que aguantar unos 10 minutos más y todo se habría consumado, la escuela cerraría sus puertas y yo me habría liberado de tan aterrador lugar… al menos por ese día, para el siguiente ya se me ocurriría una táctica diferente.
—Sergio —me miró y respiró profundamente—, si no llegamos a tiempo te voy a castigar tus juguetes —como respuesta levanté mis hombros y fingí que no me afectaba—, no te voy a dejar ver televisión en todo el día —nuevamente levanté los hombros—, te voy a castigar todo el día mirando a la pared —no pude evitar un sonidito burlón, estaba a punto de perder sus recursos. Cuando ya no podía más siempre me amenazaba con ponerme a la pared, pero con algunos años de práctica logré mantener mi mente en un estado de tranquilidad interna mientras que mi cuerpo astral se desprendía y lograba viajar a mundos fantásticos e inimaginables; en otras palabras, conseguí quedarme dormido sin caerme de la silla. Mi objetivo estaba por cumplirse, pero no contaba con una última estrategia, creo que la mantenía bajo llave en lo más oscuro de su corazón—. Sergio, si no te sueltas, no habrá postre para ti esta noche.
Fue como si me sumergieran a una alberca llena de agua fría a la que le pusieron cubitos de hielo en medio del polo norte. Abrí mis ojos lo más que pude sintiendo que el control abandonaba mi cuerpo y mis manos aflojaban su fuerza de sujeción. Eso del postre era algo nuevo. ¿Qué madre en su sano juicio amenazaba a su hijo con dejarlo sin postre? La balanza natural comenzó a cambiar su sentido.
“¿A poco sí se atreverá a castigarme así? —pensé—. Jamás lo ha hecho. Puedo soportar todo lo que me haga, pero dejarme sin postre son palabras mayores. Se me hace que los delincuentes se hacen malos por esas cosas. ¿Qué hago? ¿Sigo peleando hasta que la vida abandone mi cuerpo o dejo que la maldad triunfe sobre el bien? ¿Qué hará de postre? Si hace dulce de guayaba creo que lo podré soportar, casi no me gusta, pero si hace flan con azúcar quemada, o arroz con leche, o pan con cajeta y mermelada… le voy a preguntar y así lo pensaré mejor”.
Pero ni chance hubo de voltearme cuando escuché que el aire zumbaba con una terrible fuerza, y por primera vez en mi vida (ya que vendrían algunas más) el cinturón de mi padre se estrelló en mis pobres nalguitas. Dejé que un grito de dolor hablara por mí mientras que mis manos luchaban para aminorar el ardor y mi cuerpo se retorcía violentamente en el suelo. Sí, lo confieso: exageré un poco.
—Ya ves, ya se soltó —dijo mi padre mientras se ajustaba esa arma de destrucción masiva con la que me había vencido. Mi madre resopló desaprobando tal acción, pero creo que aprendió, para mi mala suerte, que era una estrategia muy efectiva en cuestiones de obediencia; sólo necesitaba mostrarme un cinturón para que yo hiciera lo que me ordenaba.
—¡Vámonos ya!
Tomó mi mano y salimos a la calle sin que a ella le importara que todo el mundo viera a su hijo en tan pobre y lastimosa situación. Yo, para tratar de aminorar aquella terrible humillación, limpié mi rostro con la manga de mi suéter mientras hacía acopio de toda mi fuerza de voluntad repitiéndome una y otra vez:
“No me duele, no me duele, no me duele…”
Pero ¿qué tan grande puede ser la fuerza de voluntad de un niño? No dimos ni diez pasos cuando me empecé a sobar mis nalgas nuevamente.
“¡Sí me duele, sí me duele, sí me duele y duele re-feo!”.
¡Próximamente!
—¿Mi nombre?
—Sí, quisiera saber tu nombre.
—¿No sabes mi nombre?
—No, y me gustaría mucho saber cómo te llamas —in-sistí amablemente, cosa rara en mí.
—¿No le has preguntado a nadie? —su voz tenía un dejo de incredulidad.
—No, es que me gustaría que fueras tú quien me lo dijera —agaché la vista acongojado.
Por unos segundos quedamos en silencio. Sus ojos grandes me miraban fijamente, sus labios parecían estar a punto de brotar en una sonrisa cuando por fin habló:
—Areli, mi nombre es Areli.
—Areli… que nombre tan bonito, hace juego.
—¿Hace juego? ¿Con qué?
Súbitamente el mundo a nuestro alrededor comenzó a evaporarse; sólo estábamos ella y sus ojos; yo y mi cuerpecito, el cual estaba a punto de derrumbarse en múltiples estremecimientos.
—Con una chica tan bonita.
Y el mundo por fin desapareció; no había ruidos, ni colores, ni tierra, ni cielo, ni casas, ni nada. Únicamente existíamos ella y yo.
Adquierelos en el portal de Gonvill
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Librerías Gonvill ya tiene listo su portal de Internet, lo que abre las posibilidades de adquirir Bástian, siempre seremos amigos, Una esperanza de vida o Sueños de Luna, en otros lugares, incluso fuera del país!
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Todo listo para viajar a Cabo San Lucas
Aquí se aprecia un poco cómo va todo, incluido el empaque. Traté de hacerlo a medida para que no se maltratara su contenido
¡Buen viaje!
Preparando un pedido para Cabo San Lucas; dos Bástian, siempre seremos amigos, un Sueños de Luna y un par de las cajas alhajero.
Este paquete me lo pidieron por medio del Facebook.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Sueños de Luna
Sueños de Luna, nos habla de la emoción que nos brinda la
nostalgia, de la tristeza del adiós que siempre nos parecerá prematuro, de la
alegría que enaltece al ser humano. Pero también nos invita a reflexionar con
el recuerdo de aquellos que partieron incluso antes de ver la luz del sol.
Yo, por lo pronto, disfrutaré de un particular verso de este
libro mientras saboreo una taza de café, sentado a la orilla de un río de aguas
tranquilas, iluminado por los últimos rayos del sol que se esparcen como un leve
suspiro sobre mí.
“Siento
que el mar pronto despertará,
se
cubrirá de olas de cristal
y
yo encenderé una fogata
para
admirar el más bello cielo nocturno,
y
tratar de tocar la luna,
como
alguna vez lo hice,
desde
lo más alto de mi casa”.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Te invito a visitar el blog de VidaVagabunda! donde podrás escuchar las grabaciones del programa que se trasmite los lunes a las 20hrs por www,radiomorir.com.
http://programavidavagabunda.blogspot.mx/
De igual maner te invito a visitar la página de Facebook y darle en Me gusta. Saludos!
http://www.facebook.com/ProgramaVidaVagabunda
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lunes, 25 de junio de 2012
Su cabello huele a fresas
—¿Y qué haces aquí? Deberías estar en tu casa.
—Iba en camino a ella cuando se me atravesó un poste, por cierto ¿no anotaste las matriculas?
—Sí —sonrió—, eran d-i-s-t-r-a-i-d-o —deletreó.
Un leve silencio nos cubrió mientras trataba de reunir la palabra deletreada.
—Bástian…
—Sí…
—Sí, ¿qué?
—Tú deberías estar… en… la escuela —me mostré algo aturdido.
—Aún tengo un par de minutos… —mi embeleso no tardó en preocuparla—. Bástian… Bástian ¿Estás…?
Le hice una seña para que guardara silencio. Acto seguido la miré fijamente.
—No… No lo soy.
—No qué, Bástian…
—¿Crees que soy distraído?
—¿Qué?
—No soy distraído. ¿Por qué crees que soy distraído?
Como respuesta comenzó a reír alegremente.
—¡Oye! ¿Qué te causa tanta gracia?
—¡Tú!
—¡Ahora sí! ¡Yo me llevo los golpes y tú la diversión! Que chido, ¿verdad?
—¡Sí! ¡Ja, ja, ja!
—Lo peor es que no sé si te ríes de mí o conmigo.
—¡Contigo!
—¿Conmigo? Pues qué raro, porque yo no estoy muy feliz que digamos.
Mentí sobándome la cabeza justo donde me golpeé. Ella no paraba de reír y yo no entendía por qué pero su risa, su voz, sus ojos…, el estar con ella me hacía feliz.
—Iba en camino a ella cuando se me atravesó un poste, por cierto ¿no anotaste las matriculas?
—Sí —sonrió—, eran d-i-s-t-r-a-i-d-o —deletreó.
Un leve silencio nos cubrió mientras trataba de reunir la palabra deletreada.
—Bástian…
—Sí…
—Sí, ¿qué?
—Tú deberías estar… en… la escuela —me mostré algo aturdido.
—Aún tengo un par de minutos… —mi embeleso no tardó en preocuparla—. Bástian… Bástian ¿Estás…?
Le hice una seña para que guardara silencio. Acto seguido la miré fijamente.
—No… No lo soy.
—No qué, Bástian…
—¿Crees que soy distraído?
—¿Qué?
—No soy distraído. ¿Por qué crees que soy distraído?
Como respuesta comenzó a reír alegremente.
—¡Oye! ¿Qué te causa tanta gracia?
—¡Tú!
—¡Ahora sí! ¡Yo me llevo los golpes y tú la diversión! Que chido, ¿verdad?
—¡Sí! ¡Ja, ja, ja!
—Lo peor es que no sé si te ríes de mí o conmigo.
—¡Contigo!
—¿Conmigo? Pues qué raro, porque yo no estoy muy feliz que digamos.
Mentí sobándome la cabeza justo donde me golpeé. Ella no paraba de reír y yo no entendía por qué pero su risa, su voz, sus ojos…, el estar con ella me hacía feliz.
viernes, 16 de diciembre de 2011
Regala un libro!

Hoy y siempre, un libro puede ser el mejor obsequio, por eso te invitamos a regalar a tus amigos o familiares: Bástian, siempre seremos amigos. Lo puedes adquirir en Librerías Gonvill y Porrúa, o por este medio en exclusiva a un precio de 150 pesos, envío incluido a cualquier parte de la Republica Mexicana. Además, si así lo deseas,¡te lo mandamos con dedicatoria!
Comunícate al correo ramonLmorales@hotmail.com o ramonlmorales1@facebook.com
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