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sábado, 10 de mayo de 2014
Nuevo proyecto
Bueno, estoy en el proceso de revisión y corrección de un nuevo proyecto que espero vea la luz en Mayo.
viernes, 25 de abril de 2014
¡Rumbo al estado de México!
Estos otros ya van camino al Estado de México. ¿Quieres adquirir alguno de estos ejemplares? Informes al correo ramonLmorales@hotmail.com
A Sonora
El día de hoy salieron libros con rumbo a Sonora, vía Mexpost. Happy!
Si quieres adquirir cualquiera de estos títulos, mándame un correo a ramonLmorales@hotmail.com ¡Surtimos a toda la República!
miércoles, 2 de abril de 2014
500 likes en Facebook!
¡Uff! Nadie dijo que sería tan complicado... pero a la vez tan padre y lleno de sorpresas y satisfacciones. ¡GRACIAS!
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Bástian, Siempre seremos amigos - cap 05, parte 02
Ilustración de Alejandro Bernal
El lunes por la mañana, al llegar a la escuela, me encontré con
un Sergio muy entusiasmado, quien paró mi camino de golpe.
—¡Lo hice! ¡Lo hice!
Me gritaba mientras me agitaba violentamente, haciéndome tambalear. Su sonrisa, de oreja a oreja, denotaba una expresión de gusto como nunca le había visto antes.
—¿Qué hiciste, a qué te refieres? —Pregunté quitándome sus manos de encima, algo molesto por el brusco encontronazo.
—Tú nunca creíste en mí pero, como te lo aseguré, mi deseo se cumplió.
—¿Qué se cumplió?
—Mi más grande deseo.
—¿Perdiste la virginidad? —Cuestioné algo incrédulo.
—No, eso aún no. Se cumplió mi otro más grande deseo.
—Te sacaste la lotería —comenté sarcástico.
—No inventes tarugadas, esto es serio.
—Serio, serio, pero bien que casi me golpeaste cuando llegué.
En ese momento nuestra conversación fue interrumpida por el maestro en turno, quien se aprestaba a entrar al salón para co-menzar con sus clases.
—Chanclas, mejor al rato te cuento bien, sólo te adelanto que se me hizo con Itzel —aseguró.
—¡Qué? —Grité incrédulo mientras jalaba a Sergio impidién-dole entrar al aula de clases—. ¿A qué te refieres? ¡Explícate!
—Tú tranquilo, al rato te digo.
—No, me vas a decir todo, ahorita mismo.
—Jóvenes, ¿van a entrar a clases o no? —Preguntó enérgico nuestro profesor.
—Sí, maestro, ya vamos —asentí.
Y sin más decir, ambos ingresamos al salón.
En el transcurso de las clases no dejaba de divagar acerca de lo que Sergio había comentado y para colmo, en los descansos entre clases, él no hablaba claro; se limitaba a asegurarme que su sueño se había vuelto realidad y todo esto lo decía con una expresión cursi por lo que, en ocasiones, me daban ganas de darle un par de cachetadas para que dejara de comportarse tan meloso.
Volteé varias veces hacia donde se encontraba Itzel para tratar de adivinar si las palabras de mi amigo eran ciertas; ella no mostraba alguna emoción diferente, de hecho, ni siquiera parecía voltear a ver a Sergei.
Por fin llegó el receso y yo le cerré el paso a Sergio, impidién-dole la salida.
—Ahora sí me vas a decir qué te traes con Itzel —ordené mientras acercaba una butaca a su lugar.
—Pues sí, ya te dije: ya se me hizo con ella.
—Si eso fuera cierto ahorita estaría ella esperándote para salir los dos juntos al receso y yo no la veo por ningún lado —Volteé a ambos lados aparentado buscarla.
—Es que le estoy dando chance de que se acostumbre a su nueva vida conmigo.
—¡Ya estuvo bien! ¡Me vas a contar lo que te pasó, sí o no? —Sentencié.
—Bueno, bueno, pero no te sulfures —me palmeó la espalda— . Lo que pasó fue que ayer, después de que tú y yo nos separamos para cada quien tomar rumbo a su hogar, la vi y coincidió que su casa queda de camino a la mía. Mientras la seguía discretamente, a ella se le cayó un cuaderno que traía entre los brazos y yo me adelanté y lo recogí. Cuando se lo entregué, ella me dijo: “Gracias, Sergio”.
Él se quedó callado por varios segundos con una luz de esperanza en los ojos.
—¡No mames! Tanto escándalo que hiciste y sólo para que ella te diera las gracias.
—Cálmate. En primera, ella sabe mi nombre; en segunda, no fue lo único que me dijo y en tercera, ya no me interrumpas —me señaló con el índice.
—ʼTa bueno pues. Síguele, qué pasó después.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Hoy y siempre amigos. Cap. 01 (fragmento).
En fin, cosas tristes que da la vida. Y qué decir de
la escuela… ¡Uff! Para ser francos tenía sus cosas buenas: la hora del recreo,
la hora de la salida y las vacaciones, aunque éstas también tenían sus
desventajas: el recreo se acababa, saliendo de la escuela nos dejaban hacer
tarea y las vacaciones se terminaban. Por eso hay tantos chicos que crecen
resentidos con la sociedad.
Pero hablando de vacaciones, recuerdo unas muy
particu-lares. Fue cuando salí del primer grado para entrar al segundo…, o del
segundo al tercero, no me acuerdo muy bien, de lo que sí me acuerdo fue que
todo lo comencé a planear por accidente, aunque puedo decir que se fue dando
casi de manera provi-dencial. Ni en mis mejores sueños logré imaginar algo así,
bueno, en mis sueños siempre hacía cosas mucho más increíbles y espeluznantes.
Pero en la realidad, si algo salía mal… ¡Nah! ¿Qué podría salir mal? Que al
cabo todo el tiempo, ayer hoy y mañana, si algo no salía como debiera, siempre
se le podía echar la culpa al hermano menor.
Decía entonces que todo sucedió una cierta tarde de
un incierto día cuando mamá comenzó a depurar los medicamentos caducos del
botiquín y yo, con mi amable sonrisa y mis ojitos pispiretos, me ofrecí a
deshacerme de esas fuentes de… de… pues de medicinas echadas a perder.
—¡Mamá, mamá! ¿Qué haces mamá?
—pregunté emocionado.
—Estoy separando los medicamentos que ya caducaron.
—¿Y eso qué es, mamá?
—Eso significa que ya no sirven, que perdieron su
capacidad de aliviar a la gente, o que pueden provocar reacciones adversas o
dañinas. ¿Ves estos números en la tapa? —Señaló una serie escrita bajo
relieve—. Es la fecha que debemos considerar para ya no usarlos.
—¿Y qué vas a hacer con ellos, mamá? —pregunté agitado.
—Bueno, después de separarlos creo que los llevaré a
la clínica para que dispongan de ellos adecuadamente.
—¿O sea que los vas a tirar?
—O sea que los llevaré a la clínica para que
dispongan de ellos adecuadamente.
—¿Y qué pasaría si tomáramos las medicinas así?
—sentí cómo mis ojos echaban chispas cada vez que miraba aquella bolsa que se estaba
llenando con las cajitas multicolor.
—No sé, quizás algo malo —ella me miró, abrió los
ojos grandototes y me dijo con voz gruesa y jugueteando con las manos—, podrías
convertirte en un monstruo. ¡Gruaaaarrrr!
Lancé un agudo grito y salí corriendo hacia el patio
per-seguido por ella, y mientras era capturado entre risas y gruñidos y llevado
trabajosamente al interior de la casa, una idea comenzó a materializarse en mi
cerebrito: haría algunos experimentos con aquellas pastillas y capsulas. ¡Dios,
así debieron sentirse los grandes genios cuando tuvieron la idea de inventar
algo increíble! ¿Sus mamás también habrían ayudado un poco? No sé. Pero cuando
sea famoso diré en la entrega de los premios “nobles”:
—… y también agradezco a mi madre, sin ella, yo no
estaría aquí frente a ustedes, miles de personas que no ganaron, y tampoco
frente a ustedes a través de la televisión, millones de personas que tampoco
ganaron. Así que ya no se contengan más, dejen de llorar y gritar mi nombre… y
adórenme.
Mientras mi mamá me depositaba con ligera suavidad
en el sofá, entendí que mi destino era la grandeza… ok, ok, eso ya lo sabía,
nada más me faltaba encontrar la manera de llegar ahí, y ahora la tenía: haría
grandes descubrimientos en la medicina y la salud para que mucha gente se aliviara
de un montón de enfermedades, y así puedan tener la oportunidad de decir al
verme pasar: mira, hijo de mis entrañas, ese niño es Sergio, el más grande
investigador de todos los tiempos. Gracias a él yo sigo aquí y gracias a él tú
padre está vivo… gracias a él. Todo gracias a él. ¡Oh, mira! ¡Me ha visto, me
ha visto! ¡Señor Sergio, es usted el mejor, el más increíble, el más
inteligente y apuesto!
—Ya, señora, trankis, trankis. Deje de
reverenciarme, con que me conociera es suficiente emoción para usted, ya no se
preocupe y mejor vaya a traerme algunos video juegos para que no se sienta tan
mal por haberme conocido y no darme nada.
—Sí, mi Señor; lo que usted diga, Señor; lo que
usted mande y ordene, señor.
“Y luego se va hasta su casa sin parar de hacerme
reveren-cias. Y todo gracias a que yo descubrí la cura a su enfermedad. ¡Qué
buena persona soy, casi me dan ganas de llorar!”.
Pero para lograr mi noble objetivo, necesitaba primero
planear todo con tranquilidad y objetividad, no podía lanzarme al abismo sin
estar bien preparado.
Esa noche casi duré 10 minutos sin dormir,
concibiendo lo que necesitaría: primero, obvio, las medicinas. Vi cuando mamá
las puso arriba del refrigerador, sólo era cosa de subirme a una silla, abrir
la bolsa, luego las cajas, sustraer una tira de medicamentos de cada una,
volverlos a cerrar y dejar la bolsa como si nada hubiera pasado. También
ocupaba sacar uno o dos de los frascos goteros, ahí podría haber problema si mi
mamá se da cuenta de que faltan, pero es un riesgo que tendría que tomar; la
ciencia era arriesgada, yo era arriesgado… había equilibrio en el mundo. Pero
me faltaba algo… algo que me estaba moles-tando un poco pero aun no tenía idea
de qué era, así que mejor me dormí.
viernes, 15 de noviembre de 2013
miércoles, 13 de noviembre de 2013
viernes, 8 de noviembre de 2013
¡Dummie listo!
¡Ya tengo el dummie! Sólo corregir unos detalles rápidos y al parecer esta misma semana comenzamos con la impresión. ¿Comentarios?
viernes, 18 de octubre de 2013
viernes, 20 de septiembre de 2013
HOY Y SIEMPRE AMIGOS (fragmento)
Ilustración Coffeshere
—¿Sabes? Ya es un poco tarde, creo que tengo que ir a casa, ya me van a estar esperando. Adiós.
Dio la media vuelta con la intención de partir.
—¡Espera! —casi grité agitando mis manos.
Ella volteó con sus ojos llenitos de interrogantes.
—No sé tu nombre —le solté sin miramientos.
—¿Mi nombre?
—Sí, quisiera saber tu nombre.
—¿No sabes mi nombre?
—No, y me gustaría mucho saber cómo te llamas —insistí amablemente, cosa rara en mí.
—¿No le has preguntado a nadie? —su voz tenía un dejo de incredulidad.
—No, es que me gustaría que fueras tú quien me lo dijera —agaché la vista acongojado.
Por unos segundos quedamos en silencio. Sus ojos grandes me miraban fijamente, sus labios parecían estar a punto de brotar en una sonrisa cuando por fin habló:
—Areli, mi nombre es Areli.
—Areli… que nombre tan bonito, hace juego.
—¿Hace juego? ¿Con qué?
Súbitamente el mundo a nuestro alrededor comenzó a evaporarse; sólo estábamos ella y sus ojos; yo y mi cuerpecito, el cual estaba a punto de derrumbarse en múltiples estremecimientos.
—Con una chica tan bonita.
Y el mundo por fin desapareció; no había ruidos, ni colores, ni tierra, ni cielo, ni casas, ni nada. Únicamente existíamos ella y yo.
viernes, 13 de septiembre de 2013
sábado, 7 de septiembre de 2013
HOY Y SIEMPRE AMIGOS (fragmento)
Ilustración de Coffeshere
Suspiré orgulloso por mi triunfo y me encaminé a la cafetería donde mis amigos estaban. Los encontré sin más contratiempos y sin esperar a nada me senté a la misma mesa que ellos.
—¡Hola, ya llegué! —anuncié con triunfalismo.
—¡Hola! —Dijo Bástian con entusiasmo—. Pensé que no vendrías.
—Ya ves que sí.
—Sergio, ¿Y Yamileth? —cuestionó Jandy.
—No sé, supongo que se fue.
—¿Decidieron dejar sus compras para un mejor momento? —terció Javier.
—Nop, más bien cada quien se fue por su lado.
—¿Qué pasó? —preguntó Jandy con un gesto de intriga.
—Seguro ya te cortó —aseveró Bástian.
—No me cortó nadie, simplemente decidimos que nuestras vidas necesitaban otras emociones, otros aires, otros…
—Ya lo cortó —aseguró mi amigo acentuando sus palabras con las manos y con una mueca que demostraba su seguridad.
—¡Oye!
—No te preocupes, compañero —Javier me palmeó del hombro—, estás entre amigos.
—Pero, ¿cómo te sientes? ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
—Sí, estoy bien. Gracias por preguntar, Jandy.
—Se está haciendo el valiente —aclaró Bástian—, de seguro quiere llorar. Es un chico muy sensible.
—¡Eso no es cierto!
—Tranquilo, compañero. Todos sabemos lo complicado que puede resultar una ruptura, y más del tipo sentimental. Como te comenté hace unos segundos: estás entre amigos. Si puedo hacer algo por ti, ten la seguridad que lo haré.
—Es que todo está bien…
—¿Ven? Se está haciendo el valiente, se los dije. Por dentro estoy seguro que está al borde del llanto —se notaba que mi amigo se divertía con la situación —. Se fuerte, Sergei. Ya pronto el dolor pasara. Sabíamos que la querías mucho, que la adorabas, que sin ella ya no sabrás qué hacer. Sé que ella significaba todo para ti. La verdad no quisiera estar en tus zapatos en este momento. No puedo imaginarme el dolor que te atraviesa en este mismo instante por el corazón —¡Por favor! ¡Ya denle un Oscar a este muchacho!
—Cielos, Sergio. Siento tanto que tú y Yamileth hayan cortado —las palabras de Jandy eran las que me parecían más francas, bueno, también Javier se veía sincero. Pero Bástian me conocía muy bien y estaba gozando con mi situación. Jandy agregó—. ¿Podemos hacer algo por ti?
—Oigan, ya, tranquilos —me ayudé con mis manos para relajar el momento que se estaba poniendo muy denso—. Yami y yo cortamos, fue todo. Nadie está herido, todo está bien. Nuestra relación jamás fue para tanto, como lo dice mi “estimado” amigo Bástian —él sonrío y percibí que estaba a punto de soltar una carcajada—. Por favor, ya olvidemos eso y disfrutemos de nuestra compañía, ¿ok?
Todos asintieron aceptando mis palabras. Creyendo que el tema estaba olvidado, me uní a la degustación de un café capuchino, como el que ya disfrutaban Bástian y Jandy, ya que Javier bebía un café con leche.
—Bueno, chicos —comencé una nueva conversación después de darle un sorbo a mi bebida—, ¿y de qué hablaban antes de que llegara?
Los tres se vieron entre sí con discreción, después Bástian se rascó el cuello mirando al techo, Javier leyó el menú y Jandy bebió su café desviando la mirada hacia un lado.
—No manchen. ¡Estaban hablando de mí! —aseguré con incredulidad.
Suspiré orgulloso por mi triunfo y me encaminé a la cafetería donde mis amigos estaban. Los encontré sin más contratiempos y sin esperar a nada me senté a la misma mesa que ellos.
—¡Hola, ya llegué! —anuncié con triunfalismo.
—¡Hola! —Dijo Bástian con entusiasmo—. Pensé que no vendrías.
—Ya ves que sí.
—Sergio, ¿Y Yamileth? —cuestionó Jandy.
—No sé, supongo que se fue.
—¿Decidieron dejar sus compras para un mejor momento? —terció Javier.
—Nop, más bien cada quien se fue por su lado.
—¿Qué pasó? —preguntó Jandy con un gesto de intriga.
—Seguro ya te cortó —aseveró Bástian.
—No me cortó nadie, simplemente decidimos que nuestras vidas necesitaban otras emociones, otros aires, otros…
—Ya lo cortó —aseguró mi amigo acentuando sus palabras con las manos y con una mueca que demostraba su seguridad.
—¡Oye!
—No te preocupes, compañero —Javier me palmeó del hombro—, estás entre amigos.
—Pero, ¿cómo te sientes? ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
—Sí, estoy bien. Gracias por preguntar, Jandy.
—Se está haciendo el valiente —aclaró Bástian—, de seguro quiere llorar. Es un chico muy sensible.
—¡Eso no es cierto!
—Tranquilo, compañero. Todos sabemos lo complicado que puede resultar una ruptura, y más del tipo sentimental. Como te comenté hace unos segundos: estás entre amigos. Si puedo hacer algo por ti, ten la seguridad que lo haré.
—Es que todo está bien…
—¿Ven? Se está haciendo el valiente, se los dije. Por dentro estoy seguro que está al borde del llanto —se notaba que mi amigo se divertía con la situación —. Se fuerte, Sergei. Ya pronto el dolor pasara. Sabíamos que la querías mucho, que la adorabas, que sin ella ya no sabrás qué hacer. Sé que ella significaba todo para ti. La verdad no quisiera estar en tus zapatos en este momento. No puedo imaginarme el dolor que te atraviesa en este mismo instante por el corazón —¡Por favor! ¡Ya denle un Oscar a este muchacho!
—Cielos, Sergio. Siento tanto que tú y Yamileth hayan cortado —las palabras de Jandy eran las que me parecían más francas, bueno, también Javier se veía sincero. Pero Bástian me conocía muy bien y estaba gozando con mi situación. Jandy agregó—. ¿Podemos hacer algo por ti?
—Oigan, ya, tranquilos —me ayudé con mis manos para relajar el momento que se estaba poniendo muy denso—. Yami y yo cortamos, fue todo. Nadie está herido, todo está bien. Nuestra relación jamás fue para tanto, como lo dice mi “estimado” amigo Bástian —él sonrío y percibí que estaba a punto de soltar una carcajada—. Por favor, ya olvidemos eso y disfrutemos de nuestra compañía, ¿ok?
Todos asintieron aceptando mis palabras. Creyendo que el tema estaba olvidado, me uní a la degustación de un café capuchino, como el que ya disfrutaban Bástian y Jandy, ya que Javier bebía un café con leche.
—Bueno, chicos —comencé una nueva conversación después de darle un sorbo a mi bebida—, ¿y de qué hablaban antes de que llegara?
Los tres se vieron entre sí con discreción, después Bástian se rascó el cuello mirando al techo, Javier leyó el menú y Jandy bebió su café desviando la mirada hacia un lado.
—No manchen. ¡Estaban hablando de mí! —aseguré con incredulidad.
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