lunes, 22 de julio de 2013

¡Próximamente!



—¿Mi nombre?
—Sí, quisiera saber tu nombre.
—¿No sabes mi nombre?
—No, y me gustaría mucho saber cómo te llamas —in-sistí amablemente, cosa rara en mí.
—¿No le has preguntado a nadie? —su voz tenía un dejo de incredulidad.
—No, es que me gustaría que fueras tú quien me lo dijera —agaché la vista acongojado.
Por unos segundos quedamos en silencio. Sus ojos grandes me miraban fijamente, sus labios parecían estar a punto de brotar en una sonrisa cuando por fin habló:
—Areli, mi nombre es Areli.
—Areli… que nombre tan bonito, hace juego.
—¿Hace juego? ¿Con qué?
Súbitamente el mundo a nuestro alrededor comenzó a evaporarse; sólo estábamos ella y sus ojos; yo y mi cuerpecito, el cual estaba a punto de derrumbarse en múltiples estremecimientos.
—Con una chica tan bonita.
Y el mundo por fin desapareció; no había ruidos, ni colores, ni tierra, ni cielo, ni casas, ni nada. Únicamente existíamos ella y yo.

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