lunes, 11 de agosto de 2008

DesInformación

Actualmente pasan muchos casos en la televisión, la radio y los medios impresos, mucha información a groso modo, pero hasta el momento no han presentado testimonios con más profundidad. Todo mundo sabe que el cáncer es una enfermedad que puede ser terminal, de sólo escuchar la palabra la entendemos como sinónimo de muerte, en casi cada familia se presenta alguna desgracia relacionada a ésta enfermedad, de alguna forma sabemos que es algo serio. En la IRC no es igual; creemos que es algo que da por no tomar agua, o tomar café o refresco negro en demasía. Se piensa que puede curarse fácil – nomas le dan un riñón y ya-, que no es tan grave. No se conoce realmente la angustia del paciente ni de los familiares; la negativa de los parientes por donar un órgano, el miedo al dolor y lo desconocido, incluso lo humillante que es el proceso para el trasplante, el cansancio, las constantes visitas al medico, los análisis… un calvario.
Dentro de todo nos queda la esperanza, tener fe en que alguien nos donará un órgano (en mi caso lo hizo mi padre) o en que los parientes de una persona recién fallecida tendrán el amor, la información y el coraje de querer que su hijo/a, padre, madre, hermana/o, esposo/a siga viviendo en cada latido de corazón, en cada mirada de luz, en cada aliento, en cada gota de sangre limpia.
Yo me encuentro bien, pero es imposible no ver a aquellos que aún están en espera; ver sus ojos cansados, su piel amarillenta, sus facciones de desaliento.
¿Quieren historias de enfermos de IRC? Sólo es necesario ir a algún hospital con servicio de hemodiálisis y preguntarles a los enfermos, a las enfermeras o al personal de trabajo social y nos contarán cómo el tío de un enfermo aceptó ser su donador y faltando sólo el último examen para terminar el protocolo, decidió huir a otra ciudad sin más explicación. Del paciente que se quedo dormido en la maquina de hemodiálisis y ya no despertó. De gente que lleva años en lista de espera porque nadie de su familia le quiso donar –ya sea por miedo o ignorancia-. De pacientes que fueron operados y su injerto falló a los pocos días, pongámonos en el lugar de esta gente, sintamos su cansancio y dolor, su esperanza. Visualicémonos con una sonrisa y lagrimas de emoción al saber que por fin, después de dos años de espera, tenemos un órgano que es compatible a nosotros. Veámonos en el quirófano, sintamos cómo nos atraviesa una aguja la espina dorsal y caemos en un sueño profundo. Cuando despertamos no podemos movernos. Nos duele el abdomen y la espalda. En cuanto nos es posible observamos y descubrimos una herida de aprox. 30 cm. que cruza nuestro vientre bajo hasta la vejiga. Pero veamos el lado bueno: no hubieron complicaciones al momento de la cirugía  “Estoy bien, estoy bien. Ya pronto saldré de aquí. Ya estoy sano” nos repetimos tratando de animarnos pero todo se sale de control, de NUESTRO control. Comenzamos con la creatinina elevada, pero no hay problema, sólo necesitamos más medicamento contra el rechazo. Pero después dejamos de orinar. “Es necesaria la hemodiálisis para darle una ayudadita al injerto”, dicen los médicos. Y al final, un dolor agudo, cada vez más intenso, se presenta en nuestro abdomen. Gritamos desesperados. Los médicos se movilizan y nos llevan de nuevo al quirófano. No sabemos qué va a pasar. La aguja nos vuelve a penetrar y al despertar un hombre en bata blanca nos informa que hemos perdido nuestro injerto, que lo rechazamos.
¿Qué harías tú? Yo no sé lo qué haría, pero sé qué hizo la persona a quien le sucedió: Pidió a gritos que le ayudarán a morir. Y ¿Cómo no comprenderlo? Años de dolor, de angustia, de sufrimiento, de enclenque esperanza se fueron al caño en menos de diez días. Afortunadamente comprendió que tenía que continuar, que había gente que lo necesitaba y que lo apoyaba.
Esas historias pocos la saben, y quienes las conocemos de antemano las valoramos.
Yo soy afortunado, lo sé. Pero hay miles que aun luchan por vivir sin la necesidad de conectarse a una maquina o tener que cambiarse el liquido de diálisis cada 4 horas. Personas que imploran –y ojo con esto- que los familiares de un recién fallecido donen sus órganos en vez de quemarlos o dejarlos podrir en un agujero.
Hace falta conciencia y cultura. Información.

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